Domingo Alcaraz, investigador y catedrático del departamento de Botánica de la Universidad de Granada nos explica cómo influye el contacto con la naturaleza en nuestro bienestar psicológico.
Argumenta Alcaraz que hay estudios que muestran cómo los pacientes de un hospital se recuperan antes tras una intervención quirúrgica, si a través de las ventanas del hospital o del lugar donde se encuentran pueden contemplar un paisaje de naturaleza en lugar de un escenario estresante como una autovía repleta de tráfico y contaminación.

La capacidad sanadora de la naturaleza
A principios del siglo XX y generalmente ubicados en la naturaleza, los sanatorios eran espacios tranquilos donde acudían los pacientes a tratar sus enfermedades asistidos por personal médico. Sin ir más lejos, en pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de Huétor en Granada se encuentran los restos del antiguo Sanatorio antituberculoso de la Alfaguara.
Este antiguo sanatorio fue levantado de forma altruista en el año 1923 por la alemana Bertha Wilhelmi con el propósito de tratar a pacientes de tuberculosis, enfermedad que le arrebató la vida a su hermano. El hacinamiento de la población en las ciudades por la industrialización, el desconocimiento de medidas higiénicas básicas o la guerra, hicieron de la tuberculosis un problema grave de salud en la época.
Buscando el distanciamiento de aquella concentración de la población en las ciudades, tal y como suele ocurrir en época de pandemias, decidieron ubicar sanatorios alejados de la muchedumbre y en pleno contacto con la naturaleza, donde había menos ruido y contaminación, y el aire estaba más limpio, un lugar para favorecer la recuperación de los pacientes.
Como bien dice el catedrático Alcaraz, la naturaleza nos aporta ese bienestar psicológico. No es de extrañar que cada día más gente que trabaja al ritmo de las grandes ciudades busque de forma desesperada lugares cercanos a la naturaleza para escapar del estrés durante los periodos vacacionales.
Integrar la naturaleza en nuestro día a día
La clave está en integrar la naturaleza en nuestro día a día. En nuestros hogares, en la oficina donde trabajamos, en los entornos escolares, etc.
Está en nuestras manos construir ciudades más amables, menos ruidosas y más habitables, si queremos dejar de sentir que tenemos que escapar de ellas como locos cada vez que llegan las ansiadas vacaciones.
Fuentes: